Agresividad, ira y enojo

La ira es una "pasión del alma, que causa indignación y enojo", es también un "apetito o deseo de venganza" o "enfadarse o irritarse mucho". Es una fuerza que nace frente a un enojo.

El enojo es lo que uno siente primero, y la ira es la fuerza defensiva que se despierta. El tema, si bien el control de la ira es fundamental, es que hay algo más profundo y elemental: ¿Qué es lo que produce el gatillador, es decir, la ira?.

Antes de seguir, vale señalar que la agresividad es la tendencia a ejercer violencia, atacar, embestir. Pero también significa "Brío, pujanza, decisión para emprender algo y enfrentar sus dificultades", según la RAE.

Continuando, algunos responden de forma excesiva cuando se enfrentan a situaciones en las que se sienten ofendidas, fantaseadamente o no.

La ira, entonces, es una reacción que aparece como defensa propia. El tema radica en la capacidad para manejarla, y los consecuentes resultados de tal control.

Hay formas diversas de reaccionar frente al surgimiento de la ira:

Enojo pasivo. Personas que utilizan el silencio, ‘golpes bajos’, la irritación, el resentimiento, la amargura y el odio,  emociones que llegan a pasar desapercibidas. Son formas de enojo que no son abiertamente hostiles y se manejan como celos, obstinación, envidia, maltrato sutil y fuertes deseos devenganza.

Enojo activo. Se manifiesta en las personas que expresan su ira en forma abierta con golpes, pellizcos, portazos o gritos. Este tipo de enojo se observa particularmente en quienes expresan sus sentimientos a través de actos hostiles de carácter antisocial y que trasgreden a la autoridad mediante gritos, burlas, intimidaciones, peleas, etc. Quienes agreden de esta manera tienen una necesidad de dominación constante, desean probar su valor ante sí y ante el mundo, pero al mismo tiempo poseen una sensación básica de autodesprecio. Estas personas buscan aprobación y llamar la atención, pues para ellos es importante ser respetados aunque no sean aceptados.

Enojo hacia uno mismo (autoagresión): Es el enojo proyectado hacia la propia persona e incluye el autocastigo, la incitación al ataque, accidentes y aislamiento.

Aunque el enojo tiene diversas formas de expresión, su característica más sobresaliente es el deseo de herir.

Muchas personas coléricas tienen conciencia del daño que puede ocasionar a los demás y a sí mismos, pero tienen dificultades para canalizar sus arranques de ira.

Manejo del enojo

Sentir ira, decir que uno la siente y hablar de este sentimiento es saludable y necesario en la medida que se reconozca que es parte de uno mismo, y se evite devolver con la misma moneda al objeto que produjo esa ira, o bien, encerrarla en el interior, ya que tarde o temprano saldrá, tal vez, en forma más violenta. Lo importante es canalizar esta energía que lleva consigo el enojo a través de formas más saludables, como las
siguientes:

Cuando se advierta que la ira está a punto de hacer presa de uno, hay que preguntarse para qué me enojo, no por qué, pues esta pregunta puede tener un sinfín de respuestas que se usan como pretextos para alimentar los arranques coléricos. En cambio, analizar el ‘para qué’ da una mayor claridad respecto a los resultados que se buscan obtener mediante la ira, por ejemplo, ¿se hace para asustar y someter a la otra persona? ¿Hay enojo para lastimar o devolver el golpe? ¿Uno se enoja porque la energía contenida es tan incómoda y pesada que se prefiere que otro la cargue? o ¿No se puede aceptar que las demás personas disfruten más la vida que uno?

Indagar profundamente en el interior para explorar las circunstancias que rodean al enojo: ¿es otra emoción la que suscita la ira? ¿Se usa el enojo para tapar un posible miedo o para evitar responsabilizarse por algún aspecto personal? Cuando la persona se da cuenta de cuál es el objetivo de su ira puede tener mayores probabilidades de dosificarlo y canalizarlo de modo que no cause problemas interpersonales.

Es importante detectar las circunstancias o situaciones que disparan los episodios de ira, de modo que se analice qué es realmente y lo que molesta en el fondo, y si esto tiene relación con aspectos que uno no quiere ver de sí mismo. Es adecuado analizar cómo se reacciona ante un evento que desencadena ira y reflexionar sobre las consecuencias de haber actuado de determinada forma.

Es importante aprender a canalizar la ira, no guardarla para sí. La furia internalizada se puede convertir en frustración o depresión que empeorará las cosas.

Hay también ocasiones en que alguien trata de hacer enojar intencionalmente a otro. Algunas personas buscan una confrontación como una forma de controlar ciertas situaciones o con la intención de hacerlos perder el control. Pero si se sabe de antemano de este tipo de conductas, es más fácil no hacer ‘segunda’ a la situación y no engancharse con esta persona.

El truco está en aprender a manejar el enojo en forma positiva. Es de suma importancia respirar profundo y encontrar la forma de desahogar los sentimientos, y no guardarlos. Así también, de permitirse sentirse enojado y evitar dejarse llevar por el prejuicio social que da a este sentimiento una connotación negativa o enfermiza, ya que esto provoca que se entierre o niegue un sentimiento que requiere ser canalizado.

Es importante evitar que el enojo lo controle a uno, pues se puede expresar sin perder el control. Tampoco sentir enojo justifica el herirse a uno mismo o herir al otro. La agresividad no es la respuesta. Cuando se reacciona violentamente la persona se arriesga a herir o abusar de los demás, con el riesgo de que éstos se venguen o se pierdan amistades.

Finalmente, si la ira surge en casi todo momento y es una cuestión que ha llegado a afectar la calidad de vida y las relaciones interpersonales, la psicoterapia es una opción que ayuda a lidiar con la rabia o el odio, de un modo tal que no lesione los sentimientos, los valores o la autoestima de la persona que se enfrenta a ello.

Solicite turno comunicándose a nuestros teléfonos: 1532376663 / 45560029, o enviando un e-mail a consultas@gestionpsy.com.ar.

 

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